El juego del crupier en la ruleta

La rueda de ruleta es un disco de madera de 56 centímetros de diámetro, dividido en casilleros por medio de pequeñas placas de metal. La rueda debe girar a una velocidad determinada y no debe dar menos de 8 giros antes de que la bola caiga en alguno de los números. La bola siempre gira en sentido contrario al de la rueda.
Predecir donde caerá la bola en la ruleta es imposible, debido a que cualquier modificación en la velocidad, o el hecho de tocar las placas metálicas, determinarán un cambio en el resultado.
En los años 60 se hizo un experimento en un casino de Italia. Se invitó a varios croupiers de los que, se decía, tenían la habilidad de hacer caer la bola en el número que quisieran. Ninguno de ellos pudo hacerlo.
Para hacerle creer al público que sí podían hacerlo, algunos crupiers de casinos de Punta del este y Mar del Plata habían puesto en práctica un modo de cantar los números muy especial. Cuando la bola caía en determinado sector de la rueda de la ruleta, cantaban los números en voy más alta y con una entonación especial, que podía escucharse claramente. El resto de los números los cantaban en voz más baja. Esto inducía a la gente a creer que los primeros números salían más que el resto.
Se conoció el caso de dos apostadores alemanes que, en posible acuerdo con un croupier (nunca fue probado), ganaron mucho dinero. Aparentemente, el fraude consistió en que el croupier era capaz de lanzar la bola siempre desde el mismo punto, con la ruleta girando a determinada velocidad, lo que permitía predecir el sector donde caería.
A partir de este hecho, se comenzaron a fabricar ruedas de ruleta más precisas y con menos posibilidades de manipulación, hasta llegar a la actual rueda electrónica.
Martin Monestier cuenta en su libro sobre casinos una anécdota interesante. Un argentino llamado Reinaldo Rosen jugaba una noche en un casino de Francia. Como había ganado una gran suma de dinero, dejó de propina para los croupiers 14.000 dólares, con la condición de que debían jugarlos en la ruleta. Como los empleados del casino no podían hacerlo, Rosen se ofreció a hacer la apuesta por ellos, y apostó a pleno al 26. El resultado es predecible: la bola cayó en el 26, y los 14.000 dólares de propina se transformaron en 240.000.

Close